viernes, 5 de febrero de 2010

Triques

¿Han notado como es que los mexicanos somos técnicos de todo y reciclamos casi cualquier cosa? En toda casa que se respete, al menos de clase media, existe un cuarto de triques, para quienes no estén familiarizados con esto, aquí una pequeña explicación:

Todas aquellas cosas que ya no son utilizadas, pero no ameritan ser tiradas a la basura. Entre estas cosas podemos encontrar una inmensa variedad de artículos: colchones, cables, tornillos, tuercas, zaguanes, cadenas, puertas, papel y un largo etcétera.

Es clásica la situación en que un mexicano prefiere armar o instalar algo sin leer el instructivo, en algunos casos es hasta un insulto utilizarlo, y al final, un par de piezas terminarán sobrando; pero el aparato o mueble termina funcionando o en pie.

Siempre se encontrará un pretexto para conservar algún objeto, ya sea sentimental, decorativo o por simple gusto, pero el argumento que jamás se podrá rechazar, ese que es el último recurso y es inapelable, será el de la utilidad: “Algún día puede que lo necesitemos.” Cuidado con este argumento, ha llenado cuartos enteros con objetos que sólo abandonarán la casa el día que ésta se derrumbe.

¿Por qué el mexicano tiene esa manía de “Hazlo tu mismo”? ¿Será que todos los mexicanos llevamos un punk interno? ¿Ahora resulta que no sólo los regios son codos? No importa que sea el estéreo de un auto, el flotador de la caja del retrete, la antena parabólica, la repisa o la escalera, estas palabras tendrán que salir de alguien: “Yo lo reparo.”Ahora resulta que el matemático también es plomero, el politólogo mecánico y músico experto en carpintería. Cualquier cosa antes de llamar al experto.

Para estas pequeñas reparaciones es vital contar con un cuarto de triques, además de las herramientas usuales en una casa, como el martillo, desarmadores y pinzas, es necesario contar con ciertas piezas de remplazo, desde tuercas y tornillos, hasta una puerta. ¿Por qué diablos guardar un colchón que ya nadie usa? No existe pregunta más estúpida, la cual fácilmente podrá ser contestada: “¿Y si vienen tus amigotes, dónde los vamos a acostar? Insisto, no importa cuán ridículo sea el objeto, siempre habrá una posible utilidad.

Algunas veces, los raros mexicanos que no optan por esta práctica o mexicanos que necesitan espacio para sus propios triques, realizan lo impensable: Tirarlos a la basura. ¿Inteligente? Para nada, justo días después de haber cometido tal atropello, se necesitará ese comal o lazo que ahora yace en la basura. “Te lo dije, sabía que algún día lo íbamos a ocupar. ¿Para qué lo tiraste?” Triste, pero cierto.

ILUSTRACIÓN: ROSKA IZQUIERDA