lunes, 17 de mayo de 2010

Cosas que llamas destino

“Once I believed we could approach this, now I have faith placed in the things you call fate”
Sondre Lerche

Encontrar coherencia absoluta en un ser humano es prácticamente imposible. Como en muchas otras cosas, existen niveles, pero encontrar concordancia total entre discurso y acción es una empresa que puede llevar toda la vida.

Se podrá llamar hipocresía, incoherencia, mitomanía, estupidez ¿o simplemente es una característica más del ser humano? Absolutamente todos nos hemos encontrado en alguna situación en que rompamos la relación entre nuestro discurso y nuestras acciones. Desde una mentira blanca hasta un delito.

La incoherencia que más me asombra es aquella en la que se expresa no creer en el destino, sin embargo se está seguro que… las cosas pasan por algo.

No importa cuál sea la situación, un despido laboral, una amistad perdida, la muerte de alguien cercano, cambio de residencia o el clásico amor no correspondido. Siempre existirán personas que se protegerán con ese argumento.

Con los ateos ocurre algo curioso, al no tener un dios, no tienen un destino y sin embargo se sigue repitiendo esa justificación.

Esas cosas que llaman destino, prefiero llamarlas coincidencias. Escuchar esa canción que nos recuerda a esa persona que no sale de nuestra mente, ser despedido para que meses después se encuentre ese trabajo soñado, compartir un lunar en el mismo lugar con esa persona que queremos compartir nuestra vida, asistir al mismo concierto y sólo encontrarse con la mirada, la muerte de esa persona que por fin nos liberará. Ejemplos existen por millares.

Estas coincidencias pueden tener una explicación bastante coherente, como la edad, gustos musicales, amistades en común y un largo etcétera; pero algunas personas prefieren seguir creyendo que alguna fuerza extraña y ajena a nosotros dicta estas circunstancias.

El creer en el destino debería ser recetado por los médicos, si se cree firmemente en él produce una salud mental inigualable. Yo…prefiero seguir enfermo.

5 comentarios:

Luis Lizarraga dijo...

muy buen escrito y muy buen comic me encanta el humor acido esta excelente
felicidades¡

Oscar Luján dijo...

Debo y Pagaré una opinión en los próximos días...

YO

Oscar Luján dijo...

DEbo decir,,, que la mayor prueba del destino es que todos estamos destinados a morir,,,y nadie puede cambiar eso,,, Pero eso me da mucho debate politico-idoelogico-filosófico-religioso, asi pues, omitamoslo,,, somos animales costumbristas (algunos más animales que otros) y una de las grandes bondades de nuestra exitencia es que vivimos en una eterna contradicción, como diría el buen Al Pacino "mira, pero no toques; toca, pero no pruebes; prueba, pero no tragues..."... en la eterna busqueda del placer (carnal, espiritual, el que sea), nos cuesitonamos todo nuestro ser y vamos contra todas esas convenciones,,, para salirnos con la nuestra... si avanzamos, que bueno...si no, pues culpamos al destino y volvemos a empezar... yon o le veo nada de malo, finalmente el hedonismo es una aprte de la supervivencia. Personalmente, prefiero la ideología de la edad media,,,cuando estaban tan convencidos que la vida era demasiado corta para perderla en algo que no fuera el placer personal... pero esa, doña chonita, es otra historia.

Van Norden dijo...

Yeah... Sigamos enfermos....
Todo lo que hacemos depende única y exclusivamente de nosotros, así como las consecuencias (buenas o malas) de nuestros actos. Dejemos entonces de culpar a un ser infinitamente bueno y sabio por lo malo que nos pasa y rogarle al mismo por lo bueno que queremos nos pase.
Gracias a Dios existen Blogs como el tuyo Adolfo... jajajaja.

argonauta dijo...

Destino o coincidencia, fate or coincidence. Lo que subyace, creo (con total timidez que no convicción), son las ganas de encontrarle “sentido” a los eventos, a las situaciones, a las penas, a las alegrías. Si no hay un sustrato, nada las justifica ni las explica. ¿Podemos vivir en un mundo donde no hay mapas, donde rige lo espontáneo, lo coincidente? Pero co-incidir también tiene su mística. El incidere latino es caer, pum catapum, co-incidere es “caer conjuntamente” ¿No tiene su lado curioso que dos o más objetos “caigan” en un mismo espacio y en un mismo tiempo? Oh, en realidad no.