jueves, 20 de diciembre de 2012
Amantes entre comillas
martes, 23 de octubre de 2012
Graznido
Con todo esto no quiero decir que mi hermano no interactúe con las demás personas, simplemente tenía sus propios métodos. Escribe y dibuja, principalmente. Pero lo que parece disfrutar más, es regalar.
La precisión que tiene para regalar cosas que impacten es casi perfecta. Su autoimpuesta mudez le ha permitido, supongo, dominar el arte de la atención. Su oído, visión y mente se conjugan para registrar frases, hechos y en general todo aquello que asombre a otra persona.
Las reacciones que ha provocado a lo largo de sus 22 años han sido muy diversas, pero en general positivas. Sonrisas, abrazos, lágrimas y una larga lista de amigos. Ernesto había sido afortunado.
Hace unos meses llegó su mayor reto: María. Chica muy parecida a mi hermano. Aparentemente fría, callada y una mirada maquiavélica. Su ceja izquierda era la encargada de acusar aprobación o rechazo, según se levantaba o bajaba sin que la ceja derecha se inmutara.
Mi hermano hizo lo suyo, pero esta vez fue diferente, con más insistencia. La cantidad de presentes que entregaba Ernesto a María sobrepasaban lo habitual. Las respuestas de María...simplemente no existían, su ceja permanecía inmóvi. Algo nuevo le ocurría a Ernesto, no recibía ningún tipo de retribución por sus acciones.
El viejo Ernesto murió, ahora es un pato. En su intento por comunicarse con María, su voz se ha vuelto un graznido, incapaz de provocar un eco notorio. Es seguro que sus actos tienen un efecto, pero se han vuelto imperceptibles a causa del silencio.
martes, 5 de junio de 2012
Amistad por elección
viernes, 2 de marzo de 2012
Cosas de cantina y de seres humanos
Me encontraba en una de esas cantinas…no una vieja como las que describen todos los amantes de lo anticuado. El lugar estaba infestado de adolescentes recién ingresados a la Universidad.
Colocar un establecimiento que venda bebidas alcohólicas en las cercanías de un centro de estudios puede ser un gran éxito…o un gran fracaso.
Ahí me encontraba, en la compañía de mi telenovenero amigo, escuchando su plática y conversaciones ajenas. Una mujer de aproximadamente 35 años platicaba con dos hombres, todo mientras mi amigo relataba su viaje a provincia, pero me cautivó la plática femenina del cómo conoció al padre de sus hijos, el florecimiento de su amor y la aparente, inevitable ruptura de su idilio de amor. Tuvieron 4 hijos, o eso fue lo que escuché. Ella era un espíritu libre, así se definió, y por ello no podía estar anclada a 4 vástagos, así que simplemente decidió endosarle a los niños. Con un simple papel se liberaba de responsabilidades…que él los críe.
Mi compañero de copas me contaba de su viaje, de cómo le encantó el lugar, pero sobretodo de su encuentro con ella. No existe mejor encuentro que cuando lo ves…a ese otro ser humano que humedece tu ropa interior, hace brillar tus ojos y altera tu mente con el deseo de no separarte de ese ser jamás.
Todos nos hemos encontrado ahí, pero la cuestión que importa es encontrarse en el momento adecuado; en el momento en que ambas personas deseen lo mismo…ahí está la verdadera conexión. Porque podrán tener los mismos gustos, los mismos deseos y la misma ideología, pero lo importante es la sincronía.
En otra mesa cercana se llevó a cabo la siguiente conversación:
- Si no fumaras te metía bajo mis sábanas hoy mismo.
- Si no tuviera novia dejaba el vicio ahora mismo.
Ambos lo deseaban, pero existían factores que lo impedían. Simplemente una equivocada sincronización.
jueves, 5 de enero de 2012
No quiero
La sorpresa no es confiar en alguien y que sea un queda mal, la verdadera admiración llega al encontrar una persona que desde un inicio diga NO.
Una sonrisa debería apoderarse de nuestros rostros, estamos ante alguien capaz de ser honesto consigo mismo, y por ende, es honesto con los demás. Los turcos tienen un proverbio:
lunes, 24 de octubre de 2011
17
- ¿¡ 17 !? ¿En verdad tienes 17 años?
- Pues...sí.
La lotería genética fue caprichosa conmigo. Un rostro digno de portada, las mejores revistas de moda italiana podrían pelear por él. Rasgos finos, piel tersa y delicada que invita a ser acariciada y nunca más apartarte de ella. La única grata herencia de mi padre fue una sonrisa cautivadora, dientes perfectamente alineados, resguardados por un par de labiosen apariencia inocentes, que saben esconder toda la experiencia que yace sobre ellos.
Nos conocimos en el trabajo, el área de comida de un centro comercial. Yo vendía pastas y tú hamburguesas. Los encuentros eran habituales, sólo 2 locales nos separaban, los chinos y las pizzas. Un buen día, tras largas miradas me senté a tu lado, nuestra primera comida compartida careció de palabras, mas no por ello la conversación fue nula.
La pubertad llegó a mi cuerpo y jamás se fue. Un par de delgadas piernas, casi siempre cubiertas por un entubado pantalón, que aprieta mi pequeño trasero. La frontera entre mis caderas y cintura es casi imperceptible, únicamente el tacto y la desnudez pueden revelarla. El abdomen duro sin marcas, a pesar de que odio el ejercicio. Arriba del ombligo mis pechos, mis carentes pechos. El escaso metro con sesenta centímetros de altura no aportaba mucho para poder llamar la atención, la única aliada contra ello era la falda que portaba una vez al mes.
Finalmente te decidiste a hablar, preguntaste mi nombre, mis gustos musicales y todas esas cosas que los hombres suelen preguntar, pero como todo un caballero, nunca preguntaste por mi edad. Comer juntos una vez a la semana dejó de ser suficiente e inclusive cambiamos nuestras habituales rutas de regreso a casa. Las frías mesas cuadradas de plástico azul, acompañadas de sillas metálicas que podíamos mover a nuestro antojo, vieron el desarrollo de esta relación, junto a las decenas de compañeros de trabajo y los cientos de comensales que a diario alimentaban su apetito y nuestros bolsillos.
Mi aspecto de niña inocente es un arma de dos filos, muchos se asustan, me apartan; pero otros son capturados, quedan encantados ante mi presencia, en especial los hombres mayores. Fantasean con tenerme debajo de ellos…o arriba tal vez. Miro sus rostros con detenimiento, sus ojos arden y sus labios se humedecen, mientras que su entrepierna crece. Admito que disfruto ver sus deseos transpirando. Algunos son alimentados por mi coquetería. Creando falsas esperanzas, sé que seré la protagonista de sus más perversas fantasías. La mente es tan poderosa.
Finalmente nos encontramos juntos, y tras varios orgasmos nos dispusimos a descansar. Únicamente las sábanas cubrían nuestros cuerpos, la colcha terminó en el piso alfombrado de aquel hotel y empezaste a preguntar. Tu ego masculino se hacía presente y mis respuestas lo engrandecían. Me confesaste que nunca habías ido a un hotel, lo cual me sorprendió y entonces yo continué con las preguntas, tu edad apareció e increíblemente tus 17 años no fue lo más impactante.
- ¿A qué edad perdiste tu virginidad?
- Hace unos instantes.
domingo, 28 de agosto de 2011
Tele-Relación
Conforme ha avanzado esta relación, he aprendido a usar más mi computador, sí, ya sé que odias que utilice esa palabra y que lo correcto es laptop, la que ya hasta tiene marcadas mis manos y ha perdido su original color plateado, para mostrar dos manchas negras que me indican donde colocar mis manos, hecho que sólo indica que pasan más tiempo sobre este armatoste rectangular que apretando tus caderas, como acostumbro hacerlo al caminar juntos por esta caótica ciudad.
Me enseñaste a usar Twitter, Skype, una inmensa lista de aplicaciones y páginas que apenas puedo recordar. Tuve que crear un documento donde guardo cada una de las diferentes contraseñas porque me recomendaste no utilizar la misma.
Parecíamos un par de maestros, yo hablando de historia y tú mostrándome el futuro que se vuelve obsoleto tras cada actualización, una realidad que sólo creía posible en la ciencia ficción.
Nuestros empleos nunca han sido un impedimento para vernos y nuestros hogares se encuentran a tan sólo 3 ejes viales de distancia. Tal vez no es la edad, sino tu amor por la tecnología y mi desprecio hacia ella.
Hoy prefieres sólo observarme a través de una pantalla mientras el frío plástico de un dildo penetra tu sexo, has dejado atrás el contacto de mis ásperas manos sobre tu cuerpo.
"Amorío Fresco"
Roska Izquierda
viernes, 8 de julio de 2011
¿Para quién vives?
Cada día alguien, o algo, nos impulsa a levantarnos de nuestra cama, bañarnos, vestirnos y hacer algo. Desayunar, ir a trabajar, escribir, hacer una llamada telefónica, fabricar un mueble, componer música y un sinfín de actividades más. ¿Por qué las realizamos?
Aquellos que son padres, tienen una sola respuesta; su máxima motivación son sus hijos y más cuando aún no son autosuficientes. Los padres tienen un compromiso moral, social y hasta legal con sus vástagos; es una obligación.
¿Existe una obligación por parte de los hijos hacia los padres? Literalmente, todos debemos la vida a nuestros progenitores, por lo tanto… ¿nos encontramos en deuda con ellos? Estamos a la merced de sus deseos y traumas. Cada hijo, es involuntariamente un títere; todos en los primeros años, otros conceden un poco más y muchos nunca dejarán de serlo.
Quienes tienen hijos suelen pensar que otro ser humano es de su propiedad.
Muchos padres han dejado atrás todo lo que habían soñado porque ahora: “Tienen un hijo por el cual ver”. Interrumpen su vida al vivir para sus hijos. ¿Un hijo debe vivir para sus padres?
Mientras escribo esto un buen amigo confronta: “¿…y así le pagas a tu madre?” Pareciera que mi vida no me pertenece, le pertenece realmente a ella. Debo conducirme por la vida de cierta manera, su manera; porque de no ser así, sería un ingrato y en este país, se venera más a la madre que a cualquier dios.
¿Afortunados los huérfanos que sólo viven para ellos mismos?



