viernes, 16 de julio de 2010

El concepto de "salir a la calle en horas de oficina"

TEXTO: R2

Siempre me juré a mi mismo: “jamás usaré un traje para trabajar”…bueno, a veces toca tragarse las palabras…y comenzar con el pantalón y la camisa. Debo reconocer que no ha sido una transición tan traumática como esperaba, salvo un detalle, tan desesperante que apenas puedo creer cómo pasamos tantos mexicanos por algo así: el traslado.

Por fin unido a las filas de quienes deben tomar al transporte público para llegar a mi lugar de trabajo, a la misma hora que otros miles de ciudadanos, me encuentro con suficientes clichés y situaciones repetitivas, las cuales diría mi parentela “forman el carácter”, pero yo digo “forman psicópatas y serial-killers” (Todo lo siguiente son situaciones reales).

Primero, la parada del transporte, donde muchas personas, con traje y ropa de vestir como tú, esperan la llegada del micro, trolebús, autobús, lo que pase primero (todos llegan al mismo lugar), lo más común, llega el microbús, lleno…MUY lleno. Logras subirte a como puedas (de mosca ya no, te cierran la puerta, o empujas bien o te bajas), viene la cobranza, y los típicos 4 gatos que no pudieron saca su cambio o moneda de 10 pesos durante los 5 minutos que estuvieron sentadotes/paradotes en la parada, y obvio, el microbusero no arranca hasta que todos paguen. De ahí viene una sucesión de paradas en cada esquina, porque todo mundo quiere que el micro se pare en SU esquina, no se vayan a cansar de caminar una cuadrita, no señor. Tras varios minutos de avanzar a vuelta de rueda, llega el transporte a una semi-base (“Prohibido hacer base a mitad de la ruta”…sí, como no), donde esta parado durante 1/2 altos esperando a retacar el micro… por fin decide arrancar…y ¡Oh, sorpresa! Se vuelve a detener justo cruzando la esquina para subir a todos quienes no tuvieron la fuerza (o inteligencia) para cruzarse la calle y evitar la serie de claxonazos y mentadas de madre que suponen el frenado de la unidad… siempre aseguraré que estas mismas personas, cuando tengan auto serán las primeras en hacer coraje cuando les toque quedar atrás del micro por una situación similar, pero me salgo del tema… tras otra media hora de tráfico, subidas, bajadas, una señora gorda que tarda un minuto en subir a la unidad, paga y hace parada dos cuadras después, tardándose otro minuto en bajar (y luego preguntar por qué está gorda…no se me ocurre la razón) por fin llegas a tu destino.

Segundo: el metro: aquí vale la pena decir que sí: seguimos siendo discriminativos: mientras viajé de mezclilla y playera metalera, con mi mata al aire, siempre era la revisión “de seguridad”, y pasarte el detector de “rateros”… ahora, que ando con mi corbatita, mi camisita planchada, y mi cabello “víctima de burro”, ni se me acercan… no sé si ofenderme… si el metro no se queda atorado en el túnel, o se le va la luz, o uno de tus acompañantes del microbús no se lanzó a la vía, por fin llegas a tu trabajo,,, y debo reconocerlo: después de esta travesía, me la paso muy bien en mis horas laborales… y una vez salgo, debemos volver a pasar por lo mismo… por eso, cuando debo elegir entre una hora en el tráfico, o una hora en el bar, ¿ustedes cuál creen que elegiría?

ILUSTRACIÓN: ROSKA IZQUIERDA


5 comentarios:

Carlos N. Duro dijo...

:D Esa travesía parece estresantísima, pronto iré a vivir al DF seguro sufriré de todos esas penurias. En Toluca el rollo es "un poco" más relajado, aunque no deja de desesperar a ciertas horas en que parece colmenero.
Me gusto la ilustración de la micro ¿quién te ilustra?

Adolfo Lira dijo...

Una amiga diseñadora de Sinaloa.

Oscar Luján dijo...

Beinvenido a la definitiva jungla de asfalto,,,, =)

Adolfo Lira dijo...

¿Crees que le ganemos a New York?

Eva Villaseñor dijo...

chido el viaje.. padrísimo el micro